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Justicia.

Aquella adolescente detestaba ese edificio al que la había llevado, nada de ahí le gustaba, es más, le repugnaba el simple hecho de estar presente.

               Era una pérdida de tiempo impresionante, no había nada que hacer.

               Su mamá la había llevado a fuerzas, pues no podía quedarse en casa como una persona normal, ya que estaba castigada por una tontería que había hecho, ni siquiera era su culpa.

               No confiaban en ella, así que no podía quedarse sola, como si se fuera a salir, por favor.

               La dejaron en la sala de espera, su mamá se fue a una de las habitaciones, vestía su emblemática bata blanca. Sabía que era un laboratorio, pero no le importaba lo que ahí hacían, solo quería salir del recinto. Aquello era una tortura.

               A hurtadillas huyó por la puerta principal. Fuera no había más que bosque y edificios. Recordaba que se encontraba alejado de la sociedad por cuestiones biológicas o algo así.

               Caminó por unos desniveles. El edificio que quedaba a su lado se veía tan simple, con grandes ventanales y muy aburrido.

               En una de esas ocasiones, vio un espacio abierto dentro del edificio a través de un cristal, con una corriente de agua cayendo. Como pudo, entró tratando de no ser vista. Se acercó hasta aquella ventana, creyendo que se trataba de un jardín zen o un sitio de meditación.

               Se presentaba como una habitación, con un gran cristal que permitía ver su interior con total claridad. Dentro se encontraba una gran roca en el centro, funcionaba como isla. El agua la rodeaba y caía en cascada en la parte inferior, la más cercana a la puerta. El cuarto estaba lleno de vegetación, también contaba con una cubeta metálica junto al pedernal gigantesco.

               Lo que más le llamó la atención fue que encima de la piedra estaba una persona acostada, solo llevaba ropa, pero no se movía. Decidió tratar de entrar, para su sorpresa, la puerta cedió.

               Ingresó y se acercó al sujeto, era flaco y se veía muy débil, parecía que estaba dormido. Se colocó junto a él, para ver si estaba vivo.

               Sin desearlo, pateó la cubeta y derramó el líquido que contenía. El ruido fue estrepitoso y por poco cayó al riachuelo que rodeaba la roca.

               El personaje se despertó, volteó a duras penas para encontrar la mirada horrorizada de la joven.

               —¿Me pasas mi agua? —dijo con una voz que parecía de ultratumba.

               La adolescente corrió despavorida, parecía que en cualquier momento iba a caer muerto ese extraño hombre delgado sobre la roca.

               Salió a toda velocidad y dejó la puerta abierta, casi iba llorando del temor que sentía.

               La persona de la roca, con su mayor esfuerzo, se estiró lo suficiente para levantar la cubeta. Fue una energía tan grande para él, que estuvo cerca de caer al arroyo.

               Una vez que la cubeta se encontraba en la misma posición, se volvió a acurrucar para descansar, se encontraba bastante débil y no podía verterse agua por sí mismo. Había hecho más trabajo del que debería.

               Se encorvó y murió instantes después.

               Los investigadores siguen pidiendo justicia por aquel incidente, pero la joven se encuentra a salvo, sin saber siquiera que fue lo que había hecho, ni quien era aquel extraño ser.




Comentarios

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