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Turismo entre realidades.

En esta ocasión le tocó ser anfitrión. Casi siempre era el que visita los distintos mundos oníricos.

               Al irse a dormir, abrió los ojos para tomar el camión, aquel que lo llevaría a su destino para ser el receptor de la extraña pareja. Poco o nada sabía de ella, más que pertenecían a otra realidad, digamos que eran como extraterrestres, pero transportándose por medio de dimensiones que todavía no comprendemos.

               Ya que no sabemos su forma de moverse y es imposible de entender ese aspecto, decimos que pertenecen a otra realidad. Pues bien, aquí hay una pareja que viene de otra galaxia, viajando de un modo insospechado, directo al sueño del protagonista.

               Llegó a la central de autobuses de ese pequeño pueblo turístico. Los inquilinos todavía no se encontraban.

               Dentro del camión, vestidos de un estilo simple y casual, la pareja veía por la ventana, maravillada por todo el paisaje verde y natural que podían percibir, pues de donde vienen, los colores predominantes son distintos.

               Cuando bajaron, reconocieron a su anfitrión de inmediato. Fue el único que se quedó a la espera de que todos los demás pasajeros se fueran.

               Se saludaron, a pesar de no entender los idiomas, sabían que habría que seguirlo para que les mostrara los mejores sitios de interés, los protegiera y les indicara como debían de actuar.

Aunque su aspecto era similar al de las personas, su mentalidad era ajena a la nuestra.

               Tomaron un taxi directo a una de las plazas más emblemáticas. Había una especie de evento que comenzarían en la noche.

               Varias sillas plegables se encontraban apiladas en una pared. Tomaron algunas y se sentaron a admirar el paisaje. La gente no le prestaba atención al trío de sujetos.

               Momentos después alguien acomodó las demás sillas, faltaba menos para el acontecimiento. En eso, la pareja se levantó, tomada de las manos, voltearon a ver a su anfitrión y le hicieron entender que darían un recorrido a solas por las calles.

               Querían conocer nuestra realidad, caminar a solas por un mundo extraordinario y distinto al suyo.

               Así fue, mientras el protagonista se quedaba en una silla, los turistas entre realidades se encaminaron calle arriba, tomados de la mano, como un par de enamorados recorriendo un pueblo romántico. 



Comentarios

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