Ese es el caso del trío de
jóvenes, conocidos como Prior, Prûor y Priolero.
Estos personajes son muy
distintos entre sí, no hay relación perceptible entre ellos, al menos no se
puede notar desde una perspectiva aislada, solamente el ente que tiene esa
capacidad se da cuenta de que son el mismo.
Prior es el más ordinario, suele
ser tranquilo, social y siempre está presente para platicar con los amigos. Los
que lo conocen, suelen describirlo como un buen compañero, no muy listo, pero
siempre alegre, especialmente cuando sale de fiesta.
Prûor es quien destaca y fue
quién dio las pruebas de que él y Prior estaban relacionados. En uno de los
festejos en donde se coló, se encontró con muchos jóvenes en una lujosa casa
con alberca, sin duda, se trataba de un evento bastante costoso y de élite, a
los que no muchos pueden ingresar, para sorpresa de los organizadores, entró
trepando por las rejas y se dedicó a coquetear con las mujeres. Cuando lo
fueron a confrontar por estar seduciendo a una de ellas y a la novia de uno de
los festejados, notaron que no estaba invitado y nadie lo conocía. Así que
decidieron echarlo del recinto, aunque fuera necesario recurrir a los golpes.
Por su parte, Prûor hizo acopio de toda su labia y por un momento los hizo
dudar de que venía de la misma universidad privada, hasta que se burló de todos
por ser tan incrédulos; se lanzó de lleno a la alberca y la gente comenzó a
retirarse de ese extrovertido personaje. Los más furiosos se metieron,
llenándolo de amenazas y buscando causarle daño.
Se había salido de control, la
fiesta estaba perdiendo su potencial. Prior trataba de que no lastimaran a
Prûor; gritaba a los demás tratando de calmarlos, en lugar de apaciguar la
situación, el rebelde les gritó a sus perseguidores que él y Prior eran primos,
que ese lo había invitado y que, si lo iban a sacar, hicieran lo mismo con él,
pues era cómplice.
Al ver todo esto, Priolero se
levantó, el más calmado e introvertido de los tres, aquel que rara vez
pronunciaba una palabra. Siempre atento desde el rincón más aislado, pocas
veces percibido; al ser pequeño, sumiso y sin nada de atractivo, la gente lo
veía y no notaba siquiera su presencia, era como una decoración y eso le
facilitaba el ingreso a casi cualquier lado.
Se lanzó a la alberca y nadó
rápidamente hasta Prûor, esquivando los golpes y patadas que salían despedidas en
todas direcciones. Le dijo algo, que nadie escuchó, pues hablaba muy bajo y
solo su otro yo lo notó. Se relajó y accedió a retirarse, corriendo hacia la
salida.
Prior los siguió, calmadamente.
Al final se encontraban los tres fuera del recinto, goteando dos de ellos. La
fiesta se menguó en gran medida.
Los combatientes discutían en voz
alta. Se escuchaban gritos referentes al intruso y de cómo fue aislado gracias
a ellos y al primo de éste, un tal Prior que es amigo lejano de uno de los
invitados.
Nadie le prestó la mínima
atención a Priolero, que atrás de los otros dos se encontraba escondido.
Sabedor de que, en momentos de crisis, puede actuar con total impunidad, pues
las mentes están ensombrecidas y muchas veces no notan lo que sucede a su
alrededor.
Más tarde se contaría la historia
de como un sujeto reconoció a su primo en una fiesta privada y decidió pasarse
de listo, para suerte de todos, lograron echarlo justo a tiempo. Nadie nunca se
dio cuenta de que un tercero intervino en aquella situación.

Comentarios
Publicar un comentario