Algunas habilidades no son tan fáciles de observar, requieren de mucho tiempo para poderse comprender.
Una
persona, en su deseo por pasar a otro espacio y no poder hacerlo puesto que el
recorrido había sido derrumbado, comenzó a acarrear tierra, volcándola sobre el
gran hueco, en lugar de simplemente rodear el obstáculo y continuar su
trayectoria como todos los demás.
Le
quedaba mucho trabajo, el espacio era muy grande, lo suficiente como para ser
una alberca si se llenaba con agua.
Cada día
que pasaba por ese lugar, le arrojaba una cubetada de tierra. Rutinariamente,
siempre metódico, a la misma hora una cantidad equitativa al montículo que iba
acumulando.
Los días
pasaban y parecía que no conseguía ningún progreso, mas que la musculatura que
había acumulado y ahora le costaba menos trabajo llevar esos baldes.
La
tierra llevada era de todos lados, ya fuera polvo de su hogar, pequeñas
protuberancias del cerro, cenizas esparcidas por las calles; todo lo que
pudiera barrer y fuera natural iba a parar a esa grieta en el piso.
Las
semanas se convirtieron en meses y finalmente llegaron los años. Las cubetas
habías cambiado, al igual que los rumbos, pero el hábito se mantenía. Ya había llenado
la mitad del foso colapsado hace mucho tiempo.
Otras
personas de la comunidad iban haciendo lo mismo, algunos llevaban carretillas y
soltaban piedras, hojas, varas, naturaleza muerta y demás objetivos orgánicos.
Ya se le
conocía como el “camino”, un sitio por el que se cruzaban en el transcurso de
sus vidas y al que le aportaban pequeños beneficios desinteresados, por el
simple hecho de seguir una tradición que no saben con exactitud como empezó.
Cuando
por fin estuvo emparejado, se había terminado la labor, ya no había razón para
continuar llenando un hueco inexistente. Sin embargo, la gente llevó todavía
más tierra y la acomodó a los costados, eso ocurriría constantemente durante
varios años más. Ahora sería una especie de pasadizo con dos paredes
circundantes, como un túnel sin techo o un puente con barandales altos.
La
persona causante de todo esto comenzó a plantar en los montículos laterales que
se formaron, dejando un verde muy bello, lo que impidió que le siguieran
lanzando más polvo.
El camino
ahora estaba totalmente lleno de pasto, haciendo una vía muy recurrida. Con el
tiempo sirvió como apoyo para la comunidad, un punto de reunión en torno al que
creció y se amplió. Cada uno había apoyado y ahora disfrutaban cruzar ese tramo,
tan cuidado por todos y arreglado para una agradable travesía peatonal.
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