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Dulces rojos.

Fue en una fiesta con unos amigos de un familiar suyo, no conocía prácticamente a nadie, solo sabía que había muchos infantes corriendo por todas partes, pues era el festejo de uno de ellos. No recordaba si era un cumpleaños u otro el motivo por el que se habían reunido.

               Se encontraba de acompañante, la persona invitada no quería ir sola ni faltar, así que como él no tenía nada más que hacer ese día, decidió ir con ella.

               Caluroso, soleado y prácticamente sin nubes, algo flojo el proceder del tiempo. Por lo menos tendría comida caliente y sin esfuerzo. Además podía socializar con algunos invitados, así que no estaba del todo arruinado aquel fin de semana.     Le sirvieron un caldo, tenía pinta un poco desagradable, pero no le importó, tenía hambre y se lo terminó con gusto.

               Estuvo platicando alegremente en la mesa. A pesar de sentirse solo entre los demás que se conocían, congeniaba bien con aquellos con los que se había sentado, ellos eran amigos secundarios que tampoco tenían relaciones con los familiares, parecía que los habían juntado especialmente, como el grupo ajeno que sirve para rellenar el espacio.

               Bebiendo, a pesar de ser un evento infantil, eso no importaba. La música alta e irrelevante, los gustos no son agradables, pero es lo que hay. Agua de sabor, fruta de aperitivo, un centro de mesa con flores que atrae moscas que revolotean sobre los alimentos picados e ignorados.

               Sudando sin notarlo, limpiándose de vez en cuando. Todos estaban igual, sentados en esas sillas incomodas y anticuadas, pero formales para la ocasión.

               Risa de los niños corriendo, gritos juguetones, tropiezos y lloriqueos de los más pequeños, madres calmando a los berrinchudos. Todo lo típico de un festejo con excusa infantil.

               Los meseros atentos, llevando refrescos y más bebidas. Siempre a la expectativa de una posible propina al final de su turno. No importaba no escuchar bien, con ser observadores sabían lo que pedían.

               Llevaron una especie de cacerola con dulces, pues como la fiesta era de ese estilo, resultaba algo común que se presentaran golosinas. Ninguno de los presentes le prestó atención, seguían en lo suyo, platicando, viendo el celular, percibiendo el entorno estrepitoso y energético de los infantes.

               De manera involuntaria, sin pensarlo siquiera, acercó la mano a las golosinas, imitando a una señora que había tomado algunos caramelos de colores. Cogió el primero que tocó y se lo llevó a las manos, jugando con la envoltura de manera automática.

               Golpeaba melodiosamente el dulce contra la mesa y con sus manos, al ritmo de la música, sin ser consciente de lo que hacía. Después de un rato lo abrió, vio que era distinto a los que conocía, seguramente se trataba de uno nuevo que se había puesto de moda. Lo sacó de la cubierta, era de color rojo, parecía una tira de goma con cilindros del mismo color, como si hubieran cosido varias cerezas caramelizándolas en una especie de hilo plástico.

               Metiéndoselo a la boca, tenía un sabor frutal como de fresa, frambuesa o cereza, no podía definirlo, poseía mucha azúcar. Las uniones de las esferas eran muy flexibles, similar a una especie de espagueti aterciopelado.

               Estuvo jugando buen rato con eso en la lengua, ya no platicaba, ahora solo escuchaba y se divertía con lo que estaba consumiendo. El centro de una de las esferas se despojó de su cubierta caramelizada, era una especie de goma suave y muy blanda al tacto, parecía una gomita. La desprendió, dejando a la cadena sin uno de sus eslabones. La mordía ociosamente, desgastándola hasta que desapareció. El filamento que había unido las circunferencias comenzaba a perder grosor, desintegrándose con la saliva.

               Instantáneamente continuó con la segunda bola, sin siquiera darse cuenta de que ya no existía la hilera entre esos dos caramelos con forma vaga de cereza. Repitiendo rítmicamente la anterior técnica, despedazó la cubierta y mordisqueó la goma, para continuar con el pequeño filamento concatenado.

               Era un dulce bastante entretenido, la estaba pasando bien. Que buena idea había tenido el creador de aquel dulce, servía mucho para esas situaciones extraordinarias donde podemos disfrutar de un momento de entretenimiento social cuando los infantes juegan.





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