El cubo tiene la propiedad de ser perfecto, uno de los sólidos platónicos con todas sus características acomodadas rítmicamente, dando propiedades únicas en el mundo. Con decir que solo existen cinco de estos objetos en todo el universo.
Una de
esas increíbles esencias es el cubo, aunque todavía más especial, ya que es de
los más aceptados, al igual que el tetraedro, conocido ordinariamente como una
pirámide y vendido igual a paquetes resistentes con líquidos para los niños; totalmente
contradictorio al dodecaedro, aunque esa es otra historia.
Es fácil
dibujar un cubo usando cuadrados. También se puede crear una imagen mayor
usando varios de esos pequeños, dando la misma figura y sin perder resistencia.
Solo ampliando el tamaño, siempre al margen de la rectitud, sin perder nunca su
estabilidad.
Totalmente
hermoso y uniforme. Rectitud ante todo. Inalcanzable por otras figuras. Grato
de manejar y comprender. Siendo la base para creaciones más grandes y también
para sí mismo, conteniéndose y ampliándose ilimitadamente. Solo hacen faltan
más cubos y el universo se podrá crear.
¿Cuál es
el problema? Los vértices, no a todos les gusta el exceso de perfección, la integridad
exacta sin flexión. Algunos prefieren la suavidad, aunque esta no se moldeé a
los demás, solo a sí misma, siendo el colmo del egoísmo.
La culminación
de la rectitud y del altruismo, además de la simplicidad, es capaz de contener
un sinfín de figuras dependiendo de la cantidad de cubos. Sirve como musa para
asentar las bases más ambiciosas, las finalidades más firmes, una mejora de la
civilización, sin permitir errores o detalles superfluos.
Se puede
decir que el pensamiento es cuadrado, aunque preferible sería explicar que es
cubico, compuesto por sí mismo, en infinidad de estos, formando una obra tan
compleja que no acepta otras figuras.
Solo eso
es necesario, nada más. No es un simple sólido perfecto, una figura platónica,
es más que un cubo.

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