Un entretenimiento de lo más extraño y exuberante, ya no solo en las proporciones, sino también en la trama.
Ingresó
al escenario, parecía que estaba en una especie de roca gigantesca hecha de
barro o de algún material poroso y reseco que en cualquier momento se
destruiría.
Había
más jugadores siguiendo la colonia, al igual que un grupo de hormigas ordenadas
llevando comida al nido. Andaban a su ritmo, platicando entre ellos y
acarreando recursos de la parte inferior, allá abajo había un gran lago.
Volteó
para comprobar que estaba en una isla, se encontraba a medio camino de la cima.
No había más lugar al que ir, subía o bajaba, decidió hacer lo primero. En la parte
superior se encontró un hueco con escaleras en el interior, tal cual como un
hormiguero artificial adaptado a las personas. Entró sin que nadie le prestara
atención, seguro supusieron que era un novato, de esos hay muchos.
Siguió
descendiendo y maravillándose con la infraestructura creada en el interior del
peñasco frágil, encontró varias ventanas redondas por donde se filtraba la luz,
permitiendo ver el exterior con claridad.
Se
trataba de una isla enclaustrada, pues a lo lejos se veía una gran roca que
cubría el territorio, similar al interior de una cúpula. De algún lado tenía
que venir la iluminación, tal vez era una caverna y la fluorescencia estaba en
el otro extremo. Siguió descendiendo, siempre en una espiral de caracol. En
efecto, de lo lejos provenía una pequeña filtración por donde el albor se
reflectaba en el agua y emanaba al entorno completo.
Dentro de
la colonia encontró habitaciones, sitios donde comer, salas de estar y un conjunto
de lugares para entretenerse. Se estuvo paseando durante mucho tiempo,
estudiando el lugar, todo un hormiguero gigantesco. Llegó a un pasillo largo
que daba a otro espacio, se adentró, casi se encontraba a ras del lago, parecía
conectar a una nueva roca porosa.
A mitad
del camino, algo golpeó la bóveda que cruzaba, el andador se sacudió
violentamente y las personas comenzaron a correr en ambos sentidos. Aquellos
que se dirigían al lugar del que venía, parecían huir de algo; y los que iban
al lado opuesto, se mostraban decididos, se percató que llevaban armas y uniformes,
también iban vestidos como hormigas, ¿habrá sido coincidencia? Corrió con el
grupo para saber a qué se enfrentarían, a pesar de llevar traje de civil.
Parecía
que algo sucedería y no se trataba de un hecho fortuito o natural. Al final del
camino volvió a sentir el estrepito en el techo, pudo ver fragmentos de polvo
caer en el despoblado pasillo.
—¡Oye
tú!, rápido, ven a cambiarte y apóyanos —sin esperar respuesta le lanzó un uniforme
y le hizo señas para que ingresara a una bóveda.
Corrió
siguiendo las instrucciones. Llegó al vestidor, convirtiéndose en una hormiga
roja, le gustaba su vestimenta. Cuando salió, vio que había armas colgadas
junto a la entrada, tomó una y escuchó el trancazo de un tercer golpe que
sacudió todo, además del agua chorreando cerca de él.
Algo se
movía por fuera de la ventana, un ser rojo y enorme, podría jurar que más
grande incluso que la roca en la que ahora se encontraba. Un grupo de
uniformados corrieron hacia una escotilla, los acompañó hasta la intemperie.
Podía ver la peña original en la que había estado en un principio, se
encontraba bastante lejos de su actual posición. No había rastros de la
criatura o lo que fuera que estuviera causando los estragos.
Sintió
una ráfaga a su espalda, ahí se mostraba arrogante el espécimen, no podía
determinar de qué se trataba. Los demás soldados comenzaron a disparar. Aquella
bestia produjo un estrepitoso rugido y atacó con una especie de pinza, dando
justo al costado del peñón donde yacían los hombres hormigas.
Algunos
cayeron directo al agua y otros se mantuvieron en algunas zonas más bajas, él
quedó tendido en la superficie. Inmediatamente se levantó y preparó su arma, disparó
un par de veces sobre lo que parecía ser la cabeza del enigmático ser.
El
monstruo siguió saliendo del agua, no había terminado de asomar toda su
magnificencia, aún permanecía una parte oculta. Otra pinza como de cangrejo surgió
y arrasó con un grupo de fieles defensores de su territorio, se llevó a la
mayoría, que cayeron al lago.
Los
soldados emprendieron la retirada, gritando que no podían hacer nada más contra
esa criatura, que se aplicarían otras técnicas y estrategias más inteligentes. Él
decidió permanecer ahí arriba a pesar de la desesperación de sus compañeros.
—¡Vamos,
baja que te caerás al agua! —le gritó alguien desde la escotilla, la sostenía
firmemente para cerrarla.
—Ciérrala,
voy a reiniciar —la otra persona lo vio a los ojos y obedeció.
Un golpe
fulminante retumbó por toda la estructura, un sismo esplendoroso alzó las aguas
a varios metros de altura y lo arrastró al abismo.
Volvió a
abrir los ojos, otra vez estaba en la isla inicial, desde ahí podía ver mejor a
la criatura que los observaba a través de un gran orificio en la roca que
atacaba. Esa cosa era de un rojo muy intenso, reflejando la luz como si fuera
la coraza de un crustáceo, solo que tenía la cara cómica y para nada típica de
un marisco; no como sus pinzas enormes, que fueron empleadas para apoyarse
sobre la superficie, poniendo todo el peso en aquel espacio y tratando de
hundirlo. Pudo notar como se rompía el puente que conectaba ambos sectores,
comenzando el descenso lento de aquel trozo poroso.
El
cangrejo asomaba su extraña cara por el hueco, como si lo estuviera viendo a él
directamente a los ojos. Una pinza la mantenía en lo más alto de la veta, sumergiéndola
en un arrebato de olas y burbujas violentas. Sin duda, habría perecido de igual
manera si hubiese ingresado en el escaparate que le ofrecían, perdiéndose de lo
esplendida que era aquella criatura.
—Ya
hundió la isla —dijo alguien a su espalda.
—¿Cómo
se llama ese cangrejo?, ¿la criatura que destruyó el hormiguero? —le preguntó
al que acababa de hablar.
—Tapimaji.
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