—Vamos, sígueme, por allá está lo que buscamos, es parte del atractivo principal —me dijo mientras recorríamos el camino pedregoso.
—¿Qué se supone que es? —respondió.
—Es una criatura magnifica. Su especie es endémica de aquí, solo que son peligrosas, especialmente si estás cerca de sus crías.
—¿Te refieres a que son maternales?
—Así es, a pesar de su tamaño, son muy protectoras cuando tienen crías, así que, si ves uno de los cachorros, lo mejor es alejarse de ellos, seguro su progenitora anda rondando por el lugar. Ya sabes lo que dicen, cuidado de mamá osa.
—¿El atractivo es un oso?
—No, es algo distinto, te he dicho que es una especie endémica ¿ves la zona en la que estamos?
Las dos personas caminaban tranquilamente por una serie de pedruscos muy desnivelados, de difícil acceso que les impedía ir con rapidez, incluso tenían que llevar calzado especial para evitar caer por alguna pendiente.
—Es como un acantilado —dijo, mientras unas piedras resbalaban hacia el precipicio.
—No solo es un acantilado, es más que eso. Estamos en un cañón muy alto y viejo, verás, hace millones de años, esto era un paisaje submarino, pero las erosiones volcánicas y las placas tectónicas, convirtieron esto en un conjunto de montañas formadas casi puramente de rocas.
—¿Es por eso por lo que casi no hay tierra ni vegetación?
—Así es, los minerales de aquí son muy ricos en sustancias dañinas para la vegetación, por lo que los escarpados serán casi todos rocosos.
—No entiendo ¿Cómo es que en una zona tan inhóspita y desolada puede vivir un oso?
—Oh, ¡eso es lo que lo hace tan especial!, no es solo un oso, es algo distinto —sonrió mientras subía a una piedra de mayor tamaño—. Estos animales comen casi cualquier cosa que encuentran, las pocas plantas que hay, los minerales que encuentran, hasta insecto, digamos que son oportunistas.
—Seguro tienen patas de cabras —interrumpió al explorador que contaba la historia— yo ya me hubiera caído de no ser por estás botas, no sé que estamos buscando —dijo con pocos ánimos, abrumado por no hallar su objetivo.
—Bueno, estos osos tienen algo de otros animales, pero no de cabras, sino de rinocerontes —su compañero lo volteó a ver con cara de duda—. Lo sé, es difícil de entender si no has visto uno… ¡Mira!, por allá —señalo una roca de gran tamaño, muy redonda, justo al lado del barranco.
La roca parece que escuchó a los dos excursionistas y se movió un poco, agazapándose en sus aposentos, recobrando el sueño.
—¡Es imposible!, ¡¿qué es esa cosa?!, ¡juro que se ha movido esa piedra!

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