Si alguna vez pudiéramos imaginar el pensamiento de un objeto inanimado, uno sin vida. No hablamos de un animal razonal, o simplemente de algo orgánico, sino una estructura puramente artificial.
¿Cómo
sería?
Vamos a analizar
la filosofía de un tractor.
Muchos
pueden argüir que los objetos son creados con un propósito y necesitan
cumplirlos como su objetivo. Al igual que el típico caso de los juguetes que
desean ser usados a modo de entretenimiento para los infantes; pero, ¿qué hay
de los elementos de trabajo?, digamos, ¿un tractor?
Si
nosotros fuéramos una de esas maquinarias, ¿qué sentiríamos? Mucho calor,
tierra y una fuerte brisa cuando el campo está recién labrado. Eso suena como
algo negativo, más si somos usados de una manera burda y tosca.
Suponiendo
que ese fuera nuestro objetivo, la razón por la que nos crearon, entonces
seríamos felices, a nuestra manera claro está, no como se encontraría una
persona común o el campesino que hace uso del vehículo.
¿Qué hay
de especial para querer ser un tractor?, al parecer todas las actividades que se
realizan no son compatibles con los ideales humanos. Al momento de no trabajar,
lo único que hace es estar quieto en un espacio abierto, la mayoría de las
veces, con aves posándose sobre la cubierta.
Una de
las ventajas de ser un vehículo rural, suponiendo que tengamos las necesidades
de un humano, lo cuál sería igual de extravagante que una persona con deseos de
maquinaria agrícola; la encontraríamos en el deseo de arar la tierra y trabajar
un número muy grande de horas bajo el sol y a la intemperie con toda esa
sensación de soledad que a veces da el campo. La mayor primacía de un tractor
es poder estar en contacto constante con la naturaleza, la alegría de encontrarse
al aire libre y disfrutar del amanecer, al igual que del ocaso. Regocijarse del
canto de las aves y del fruto de las cosechas que son el resultado de un arduo
esfuerzo reflejado en el piso donde el ambiente germina y la vida continúa
gracias a uno.
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