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La muerte del vecino.

A pesar de que prácticamente no convivían y rara vez se veían, sintió muy desagradable esa experiencia tan próxima a su vivienda.

               Podía observar por la ventana superior una ambulancia que se había estacionado en sentido contrario, tenías las puertas traseras abiertas, pero sin nadie cerca. Las luces del vehículo deslumbraban toda la calle. Se notaban más vecinos viendo por sus cristales, con caras de preocupación, directamente hacía el auto que no correspondía a ese lugar.

               Trató de identificar el domicilio al que se habían dirigido, pues estaban muy cerca de su hogar, pero no le tocaron ni nada por el estilo, además se encontraba él solo. ¿Con quién se dirigían?, ¿será uno de los viejos que vivían enfrente?

               Se escucharon unos ruidos muy próximos, provenían de su derecha, eso significaba que era de su mismo lado de la acera, la cuestión fue, ¿en qué casa? Tal vez la contigua, no lo creía, pues ellos estaban sanos, al menos eso era lo que sabía, aunque prácticamente no tenían relación.

               Los domicilios laterales a su izquierda solían ser rentados por gente joven que iba y venía, así que era muy probable que no fueran ellos. ¿Será la de al lado suyo, a su derecha? No quería creerlo, se trataba de una familia ordinaria, el señor no llegaba a los cincuenta y era el mayor de todos. Los ruidos se escuchaban muy cerca, como si les pegaran a unos muebles recargados en la pared cerca a la suya.

               Vio la luz tenue de la casa del vecino, no la había percibido con la iluminación de las sirenas ¿Así que eran ellos?, ¿qué habrá pasado?

               Salió corriendo un paramédico de ese domicilio, sacó una camilla que se desdobló fácilmente desde la parte posterior de la ambulancia, la empujó con una agilidad increíble hasta perderse de vista en el interior de la casa aledaña.

               Pasaban los segundos, se le figuraban horas enteras, quería saber que sucedía, pero desde su perspectiva no podía ver gran acción. Pensaba en salir para tratar de ayudar o investigar que sucedía, aunque la relación con esa familia era mínima y le preocupaba ser un entrometido en un tema tan delicado.

               Tal vez fuera un accidente, probablemente alguien se cayó de las escaleras y estaba inconsciente, para luego volver a la normalidad, eso debía de ser. Esperaba lo mejor, no le deseaba ningún mal a su vecino a pesar de no convivir con él. Quizá era la esposa… o una de las hijas. No, eso no podía ser.

               El paramédico surgió de nuevo, jalaba la camilla que llevaba en la parte posterior, en ella se veía una silueta de una persona alta, totalmente cubierta de blanco; del otro extremo, un segundo miembro de asistencia médica iba empujándola hacía la ambulancia.

               Sucedió muy rápido, como si fuera una rutina practicada miles de veces en ese lugar, lo subieron con igual velocidad.

               Con trabajo y pudo identificar que se trataba del señor, pues las tres mujeres sollozaban a orillas de la casa, apenas las podía ver e identificar. Era una escena terrible, se le rompió el corazón al ver la imagen devastadora con ese resplandor azul rojizo.

               Los paramédicos no perdieron más tiempo, gritaron algo que no pudo escuchar y se marcharon velozmente. Dejando a las tres féminas en el umbral del domicilio, abrazadas y titiritando por la desazón y el frío de esa noche.







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