Fue invitado por el primo a su vieja casa, aquella que lo hospedaba desde que era infante. Un sitio de lo más extraño, se notaba una localidad descuidada, pobre, abandonada y con serios problemas de delincuencia. Las fachadas de otros domicilios estaban rayadas con grafitis de muy mal gusto. Sentía peligro por el simple hecho de caminar por esa vecindad. Llegaron a la entrada, una rudimentaria puerta de metal descolorida y con signos de desgaste por el óxido y las lluvias, además de algunos pequeños golpes en la parte baja. Abrió con un crujido espantoso. Para su sorpresa, el portón cedió hacia el exterior, eso no era algo usual, puesto que los ingresos deben de girar hacia el interior, para evitar golpear a los peatones que estuvieran fuera del domicilio, una cuestión básica de seguridad. Tal vez las pequeñas hendiduras que veía eran por el traqueteo que hacía el metal al rozar contra el pavimento qu...